Hubo una época en la que mandar un mensaje tenía más mérito del que parece ahora. Allá por 2001 no escribías como querías. Escribías como te dejaba el saldo, quitabas vocales, acortabas palabras, juntabas frases y si podías decir algo en 8 caracteres en vez de en 20, mejor. No era estética. Era supervivencia.
Aquello de: k tl, dnd stas, tq, ns vms lgo
No era una moda. Era una forma de ahorrar. Antes pensabas cada palabra porque costaba dinero. Ahora puedes mandar un texto eterno, un audio de cinco minutos o pedirle a una IA que te redacte casi cualquier cosa en dos segundos. Vamos, que hemos pasado de medir los caracteres como si nos fuera la vida en ello… a poder mandar prácticamente la Biblia por WhatsApp sin despeinarnos. Cómo cambian las cosas.
Pero hay algo que en realidad no ha cambiado tanto. Antes, para decir algo con poco, había que tener ingenio. Y ahora, para decir algo entre tanto ruido, también. Porque sí, hoy puedes tener IA, automatizaciones, herramientas, prompts y todo lo que quieras. Pero si detrás no hay una idea, criterio y un poco de cabeza, se nota. Mucho.
La tecnología ayuda. Claro que ayuda. Pero la comunicación buena no sale solo de una herramienta. Sale de saber qué decir, cómo decirlo y por qué decirlo. Salía en 2001 cuando escribíamos “k haces” para no quedarnos sin saldo. Y sigue saliendo ahora, aunque el mensaje te lo monte una IA, lo revise una persona y lo termine de afinar alguien con oficio.En el fondo no va de SMS, de WhatsApp ni de inteligencia artificial. Va de lo de siempre: de tener una mente pensante detrás. De ingenio. De intención. De creatividad humana.
Así que sí, cambian los formatos, cambian las herramientas y cambia la manera de escribir. Pero cuando una comunicación está bien hecha, se nota igual hoy que hace 25 años. Y si en tu empresa necesitas comunicar mejor, ordenar lo que quieres contar o hacer que el marketing tenga un poco más de sentido y un poco menos de relleno…
Hola.
Igual somos nosotros.