La publicidad llega a ChatGPT y no lo hace como en Google o en redes sociales. Lo hace dentro de una conversación. Y eso cambia las reglas.
ChatGPT empezará en las próximas semanas a testear anuncios en Estados Unidos para los planes gratuitos y ChatGPT Go, según ha confirmado OpenAI. Los planes de pago seguirán, al menos por ahora, libres de publicidad. La noticia, en sí misma, no sería especialmente relevante si no fuera por el lugar donde se insertan esos anuncios: no en un buscador, no en un feed, sino en una conversación.
A diferencia de la publicidad tradicional en buscadores o redes sociales, OpenAI asegura que los anuncios no influirán en las respuestas del modelo. Irán claramente etiquetados, separados del contenido principal y aparecerán únicamente al final de algunas respuestas cuando exista un producto o servicio patrocinado relevante para el contexto. Es la promesa. Y es una promesa importante. La compañía también afirma que no vende las conversaciones a anunciantes, que el usuario podrá desactivar la personalización y borrar los datos usados con fines publicitarios, y que se excluirán temas sensibles como salud, política o salud mental.
El cambio no es menor. Durante años, la publicidad digital ha girado en torno a captar atención y alargar el tiempo de uso. Aquí, OpenAI sostiene que no optimiza el tiempo que el usuario pasa en ChatGPT, una declaración que, de cumplirse, rompe con el modelo clásico de la economía de la atención. En un entorno conversacional, la publicidad no compite por visibilidad, sino por utilidad.
El riesgo es evidente. Un chat es un espacio percibido como íntimo y funcional, más cercano a pedir consejo que a recorrer un escaparate. Una recomendación fuera de lugar no solo molesta: incomoda. Puede erosionar rápidamente la confianza del usuario. Pero también hay una oportunidad clara: si preguntar sustituye progresivamente a buscar, las marcas ya no competirán por aparecer entre diez enlaces, sino por aportar valor en el momento exacto en que el usuario lo necesita.
No se trata, por tanto, de si ChatGPT tendrá anuncios, sino de si será capaz de integrarlos sin romper la lógica de ayuda que ha hecho que millones de personas empiecen a preguntar antes que buscar. Porque en ese equilibrio se juega algo más que un nuevo formato publicitario: se juega la credibilidad de la conversación como interfaz. Y cuando una conversación pierde credibilidad, deja de ser conversación y vuelve a ser ruido.